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| Héctor Cacho |
AUTOR: HECTOR CACHO
Diré todo con mi silencio,
a cada hombre que encuentre frente a mí,
diré con la vehemente intención
de las mil sílabas mudas
y con mi memoria silenciada,
las mil virtudes malentendidas
que caen desde mi testa
tonsurada por la malicia,
y la música de mis viejas palabras
van torneando el madero de cada atardecer
para morir en el Gólgota del tiempo.
a cada hombre que encuentre frente a mí,
diré con la vehemente intención
de las mil sílabas mudas
y con mi memoria silenciada,
las mil virtudes malentendidas
que caen desde mi testa
tonsurada por la malicia,
y la música de mis viejas palabras
van torneando el madero de cada atardecer
para morir en el Gólgota del tiempo.
Mi silencio
no prenderá el fuego de ninguna historia
y los equilibrios perdidos cavan la tierra
para enterrar todo los relatos
de las dulces maravillas que se cuentan
de un dulce mundo magnífico por venir,
de justicias sin pecado
llenas de luminiscente razón.
no prenderá el fuego de ninguna historia
y los equilibrios perdidos cavan la tierra
para enterrar todo los relatos
de las dulces maravillas que se cuentan
de un dulce mundo magnífico por venir,
de justicias sin pecado
llenas de luminiscente razón.
Diré con mi silencio el arte
que reverbera solemnemente
en las almas bruñidas por las gotas
de la piedad, que caen, una a una,
desde la hirviente fuente del amor,
del amor más puramente humano,
a cada pedazo de mundo,
a cada trozo de tierra,
a cada fragmento de lo visible
y de lo invisible.
que reverbera solemnemente
en las almas bruñidas por las gotas
de la piedad, que caen, una a una,
desde la hirviente fuente del amor,
del amor más puramente humano,
a cada pedazo de mundo,
a cada trozo de tierra,
a cada fragmento de lo visible
y de lo invisible.
Redoblan los tambores por cada astilla
de una inmensa mesa donde cada ser vivo
toma asiento para brindar con agua bendita
por el vivir entre tropiezos y milagros.
de una inmensa mesa donde cada ser vivo
toma asiento para brindar con agua bendita
por el vivir entre tropiezos y milagros.
Acabado el brindis
diré todo con mi silencio
al primer hombre que levante la mirada,
a otros más aunque lleven
la copa vacía en sus manos,
y a todos los hombres
para alimentar el misterio de cada uno
hasta hacerlos inmortales,
como el incomprensible capricho
del Destino, que nunca perdona,
que nunca levanta la condena a nadie,
como un demonio depredador
de la misma voluntad de Dios
diré todo con mi silencio
al primer hombre que levante la mirada,
a otros más aunque lleven
la copa vacía en sus manos,
y a todos los hombres
para alimentar el misterio de cada uno
hasta hacerlos inmortales,
como el incomprensible capricho
del Destino, que nunca perdona,
que nunca levanta la condena a nadie,
como un demonio depredador
de la misma voluntad de Dios

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